Emir Balza: También el tiempo gime
Muy lejos el mar acariciaba nuestras costas dulcemente y algunas veces las golpeaba, arrastrando a la orilla: Caracoles y hojas secas y cuando el mar se apartó quedaron extendidos sobre la arena. Luego el viento silencioso pero agresivo impulsaba las hojas de los cerezos verdosos hasta mis pies: envolviéndolos. Desde el primer paso que di…

